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Transdisciplinariedad y teología plural de las religiones

Transdisciplinariedad y Teología plural de las religiones: una relación necesaria.

Por: Johan Moya Ramis

Desde hace algunos años, uno de los desafíos de la teología cristiana contemporánea es la búsqueda de un diálogo con el creciente número de religiones no cristianas. Esta necesidad apremiante, ha llevado a un grupo de teólogos cristianos a reflexionar y fomentar el diálogo interreligioso sobre la base de una Teología plural de las religiones (T.P.R), o Teología de las religiones, como también suele llamársele. Pero a pesar de todos los esfuerzos hasta el momento realizados, aun no se llega a establecer un escenario de común acuerdo por las distintas partes. Según los estudiosos del tema, esto último está relacionado con que la Teología plural de las religiones, es un fenómeno reciente en la historia de los estudios teológicos, el cual “constituye un nuevo campo de estudio. Su estatuto epistemológico se va definiendo progresivamente. Se trata de un fenómeno típico de la modernidad plural, que provoca la crisis de las estructuras cerradas y convoca a sistemas abiertos de conocimiento” (Teixeira, 2006, 13).

¿Qué significa esto de “estructuras cerradas” y “sistemas abiertos del conocimiento”? Se trata de la superación de la visión lineal y simplista en cualquier terreno epistemológico que generan sistemas cerrados de pensamiento, condenados a morir bajo el peso de su propia entropía, no así con los sistemas abiertos donde interviene un pensamiento complejo y dialógico.

Tras un estudio en el devenir de este nuevo pensamiento teológico se evidencia que un importante punto de vista dentro de los sistemas abiertos de conocimiento ha sido descuidado: el enfoque de la Teología plural de las religiones vista a través de la transdisciplinariedad. Esta última sería una posible estrategia que ayude a construir una mirada renovada y ofrecer una respuesta válida, aunque no definitiva, ante la necesidad real de una mejor articulación de la Teología de las religiones en aras de la paz entre los diversos grupos religiosos existentes hoy día en el orbe. Para ello, los teólogos de las religiones emprendieron una mirada de la Teología, no solamente como producción espiritual de la fe, sino como ciencia que ha venido enriqueciéndose de forma sistemática por el alcance y la validez de sus conocimientos y disciplinas de estudio, la cuales necesitan de las mediaciones de las ciencias antropológicas, sociales, históricas y filosóficas, de forma tal que la consistencia y el rigor epistémico permitan a esta nueva disciplina teológica estar insertada en el debate académico.

Del cruce de disciplinas en el terreno epistemológico, comenzó emerger el carácter interdisciplinar de la Teología plural de las religiones. Sin embargo, los estudiosos del tema se han visto ante la dificultad que su accionar epistémico se les agota ante las demandas de nuevas categorías y conceptos que iluminen el contenido y el sentido de este nuevo saber teológico. La razón de esto se debe a que gran parte de los teólogos de las religiones no han advertido que este nuevo saber entra en el orden de la mirada no lineal del mundo, y de forma implícita, entra en la Complejidad como forma de pensamiento. No han caído en la cuenta que el mismo horizonte interdisciplinario es el que permite realizar el paso hacia la transdisciplinariedad como posible estrategia epistemológica para esta nueva forma de hacer teología. En este punto cabe hacerse la pregunta ¿Cómo ayudarían a la Teología plural de las religiones los tres axiomas de la transdisciplina planteados por Basarab Nicolescu?

1) Existencia de diferentes niveles de realidad

Valiéndose de la existencia de distintos niveles de realidad, los pensadores de la teología plural de las religiones pueden llevar a cabo un análisis crítico, donde ya no sólo se tomarían en cuenta a las disciplinas teológicas como objeto de estudio en plena necesidad de cambio, sino que podrían enfocarse en lo relacional de la interacción sujeto observador-objeto observado. De modo que la relación sujeto-objeto superaría su estatus gnoseológico y fenomenológico clásico, o sea, que ni lo meramente objetivo desconectado del sujeto que observa plantea un cuadro epistemológico completo. Tampoco puede hacerlo la postura donde el sujeto se considere desprovisto de la influencia del objeto por la preponderancia de la conciencia y el resultado su intencionalidad. Ambos se ven en una complementariedad intercambiable y dialógica, considerando reiterativamente al sujeto y al objeto, a su vez, como condicionantes y constituyentes. Esto haría salir al pensamiento teológico interconfecional de las limitaciones propias de sus campos de estudio, y abriría las puertas al estudio de las bases teóricas del cristianismo y las religiones no cristianas con sólidos criterios epistémicos, criterios estos que armarían de recursos, aportes y valores a los agentes teológicos implicados en la resignificación de las disciplinas en esta rama de la teología, y desarrollar así, acciones concretas y contextuales desde la T.P.R. que impacten en los ámbitos científicos, políticos y socioculturales.

2) La lógica del tercero incluido

La lógica del tercero incluido, proveería a los teólogos de las religiones de una herramienta gnoseológica útil para reformular todo criterio que tenga de base el extendido principio elemental de la filosofía aristotélica que establece la existencia de pares contradictorios mutuamente excluyentes (A y no-A). Esta superación permite poner en relación de coexistencia, sin jerarquía de valores, a las disciplinas que intervienen en los estatutos epistemológicos de la Teología plural de las religiones y su reflejo en el campo teológico no cristiano.

Por otra parte, ayuda a la detección de los elementos constitutivos que corren el riesgo de ser tanto rigurosamente homogéneos, como rigurosamente heterogéneos. Ambos extremos impedirían la consolidación de una Teología de las religiones como sistema de pensamiento, por lo que se hace necesario que los elementos constituyentes de este pensamiento teológico sean al mismo tiempo contradictoriamente heterogéneos y homogéneos.

Hasta el momento, la lógica aristotélica había revelado que toda relación sistémica en coexistencia antagónica y contradictoria estaba destinada a disolverse tras la propia contradicción. A diferencia de lo anterior, la lógica del tercero incluido demuestra que todo sistema que se mantenga dentro de esa coexistencia, puede actualizarse y potenciarse.

A la zona clave donde se da esa realidad contradictoria dentro de cualquier sistema, es lo que Nicolescu denomina zona de no resistencia, o lo sagrado. Este último término es nominalmente bien conocido por los teólogos de las religiones, pero aquí está dotado de un nuevo sentido, el sentido transdisciplinar.

En religión de forma general, y en la teología en particular, se toma como sagrado todo aquello que pone en relación a objetos o sujetos con lo divino, ya sea por razones tenidas como sobrenaturales o desconocidas. En la transdisciplinariedad, lo sagrado recupera la génesis de la palabra religión en su sentido de religar lo que está suelto, lo que ha sido separado. Por tanto, esta zona no se trata de un lugar abstracto o misterioso, que rodea lo divino, sino de un lugar epistemológico real, sustentado por leyes científicas. De modo que lo sagrado viene a ser el espacio clave donde se pueden resignificar las disciplinas teológicas que intervienen en la teología plural de las religiones.

3) El axioma complejo

Lo sagrado transdisciplinar tiene su más alto nivel de diálogo dentro del accionar de complejidad como complemento que le daría solidez a la unidad en el discernimiento teológico; unidad que puede demostrar y superar la evidente necesidad de un diálogo, ya no interreligioso, sino transreligioso. En este último, lo sagrado como zona epistemológica ha de ser el lugar de encuentro, ya que lo sagrado transdisciplinar está presente en todas las religiones y al mismo tiempo no es patrimonio exclusivo de ninguna, sino que las trasciende a todas.

Tal reflexión puede abrir la puerta a un paradigma teológico basado en la afinidad, la alianza y la simbiosis existente entre los seres humanos, agentes modificadores y responsables de la realidad y las relaciones de comportamiento del individuo en cualquier estamento social. De la eficacia de esta estrategia, la cual está basada en relaciones de interdependencia epistemológica que abarcan un mismo tiempo el plano espiritual, social y natural, está en juego no sólo la transformación y renovación del pensamiento cristiano contemporáneo, sino también, en gran medida, la supervivencia de la especie humana.

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